Ma. Alexandra Continanzia
Los espigadores y la espigadora, es un documental francés del año 2000 dirigido por la directora Agnès Varda. Trata sobre los espigadores, traperos y la
recolección de desechos.
Agnès Varda
retrato una denuncia social en su documental llamado: "Los espigadores y
la espigadora", la actividad de muchas personas que se dedicaban a
recolectar y reciclar de los desechos rurales y urbanos, de la basura de las
ciudades francesas. Las imágenes nos son a todos familiares, conocidas,
mundiales. ¿Podemos encontrar espigadores y espigadoras en nuestras calles?
Aquí
reconocemos estas estampas frecuentes en nuestras avenidas y barrios,
protagonizadas por nuestros pobres, y cartoneros.
También este
documental me recuerda la historia local “Caracol”, realizada por un
adolescente de la ciudad, llamado Juani Herrera.
En estos testimonios
e imágenes filmadas que son parte del relato, se denuncia, estas soledades y casos
de exclusión social, visibilizando la dureza y marginación en la que viven muchas
personas y familias pobres casi sin mínimos derechos.
El film
recuerda con ese nombre la experiencia de las antiguas espigadoras que
repasaban y rastrillaban los campos franceses con el objetivo de recoger los
granos que quedaban caídos tras la recolección de las cosechas, que también he
visto en esta ciudad, por las zonas del puerto, en rutas y puentes, en donde
caen los granos o se vuelan de los camiones que los transportan hacia los silos
y depósitos de los barcos.
En una
oportunidad, viendo que los barrían con manos y escobas, a los costados del
asfalto, pregunte para que los utilizaban y me comentaron que con ellos alimentan
aves y animales.
Entre estos nuevos
espigadores y espigadoras hay quienes recolectan por necesidad y o para poder
comer, y hay quien buscan con estas acciones luchar contra el consumismo feroz
y reciclar lo que muchos descartan.
Esta
película presenta una forma de mirar esta realidad, una forma de acercarse y
comprender, pasando por las imágenes de espigadores de los cuadros de distintos
pintores, de diferentes contextos socioeconómicos y políticos con crítica sobre
la realidad mostrada hasta la actualidad.
Nos muestra la
pobreza, describiendo el contexto que rodea a la exclusión social y con algunas
mujeres y hombres en el centro de estas historias, vemos así como la
vulnerabilidad ciudadana crece, el empobrecimiento de la población se dispara y
la pérdida de derechos básicos de la ciudadanía es cada vez más evidente.
Se visibiliza
una realidad cruda de muchos, que desconocemos, con una postura de compromiso y
de denuncia por parte de la directora, en el centro de la historia. La
directora da testimonio, se involucra y ayuda a comprender la condición humana
en la precariedad, el incremento de las desigualdades sociales, en esta escasez en donde nos coloca en un
modelo económico y político cruel que arrincona y margina los derechos sociales
y refuerza el consumismo y la producción exacerbada, de alimentos y cosas entre
otras prácticas “poco” éticas, humanas e insostenibles. El relato está narrado
por una mujer, que es la directora.
Y aquí
rompemos con dos grandes mitos del cine. El cine como medio alienante y de puro
entretenimiento y el Estado del bienestar, y de consumo pasando a ser un documental
que se convierte en una herramienta ética de visibilización, de lectura crítica
y de denuncia.
Esta
directora francesa, Agnès Varda ha sabido recolectar y espigar con su técnica,
con su arte, con su cámara en el cine documental, estas realidades,
circunstancias e imágenes para muchos invisibles, inadvertidas, ayudándonos a
ver otros contextos y así construyendo nuevos significados desde la propia
subjetividad, incluyendo la reflexión, la sensibilización, la denuncia y la
crítica para colaborar activamente en la búsqueda de posibilidades de
transformación y en la visibilización de la injusticia social en sus variantes,
dando voz a quienes no la tienen, aquellos apartados del relato y de la
historia. A pesar de los 16 años desde que se rodó, su actualidad y vigencia, sin
fronteras, resulta angustiante.
Las crisis, y
políticas que favorecen a los pocos de siempre, la precarización está
aumentando esta brecha, y las mujeres son las más afectadas.
Con este
hermoso trabajo, vemos que el cine documental puede salir de su pura
neutralidad y asepsia ante la pobreza, la discriminación, la marginación y la
injustica. Puede reflejar una realidad poco imaginable y política.
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Braun María Isabel
¿Espigar?
¿Recolectar? ¿Ordenar?
Agnés Vardá nos describe, nos relata y
nos introduce sutilmente, y en
otras despiadadamente, en las cuestiones
que una a una, en una especie de
autobiografía cinematográfica, activa y captura objetos y sujetos que se reconstituyen y
reconfiguran en nuevos status testimoniales,
cómplices necesarios, constructores
del pensamiento y la mirada
El relato audiovisual descongela
imágenes que se vuelven líquidas y sostenibles en espacios verdaderos: ora para
capturar costumbres antiguas de solaz y diversión, ora para sacudir la piel política en un intento
idiota de denuncia donde sucumben las bellas cosas olvidadas.
El tiempo bordea las certezas y
certidumbres. Se cuela y deja sin aliento. Busca en el otro (nosotros) las
utopías parlantes, espiga en nuestros corazones la esencia vital.
Y entonces surge, en este caos de
interpretaciones un insoslayable mundo mágico de la imaginación y del juego, de
la libertad y de la conexión espiritual de transformación que reivindica las
ideas que aún no se conocen.
En fin:
¿En
qué historia pintada nos reconocemos?
¿En
qué historia pintada encontramos al otro?
¿En
qué historia pintada el mundo visionado reducirá su existencia?
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