martes, 13 de diciembre de 2016

Comentarios acerca de "Los espigadores y la espigadora" de Agnés Vardá

Ma. Alexandra Continanzia

Los espigadores y la espigadora, es un documental francés del año 2000 dirigido por la directora Agnès Varda. Trata sobre los espigadores, traperos y la recolección de desechos.
Agnès Varda retrato una denuncia social en su documental llamado: "Los espigadores y la espigadora", la actividad de muchas personas que se dedicaban a recolectar y reciclar de los desechos rurales y urbanos, de la basura de las ciudades francesas. Las imágenes nos son a todos familiares, conocidas, mundiales. ¿Podemos encontrar espigadores y espigadoras en nuestras calles?
Aquí reconocemos estas estampas frecuentes en nuestras avenidas y barrios, protagonizadas por nuestros pobres, y cartoneros.
También este documental me recuerda la historia local “Caracol”, realizada por un adolescente de la ciudad, llamado Juani Herrera.
En estos testimonios e imágenes filmadas que son parte del relato, se denuncia, estas soledades y casos de exclusión social, visibilizando la dureza y marginación en la que viven muchas personas y familias pobres casi sin mínimos derechos.
El film recuerda con ese nombre la experiencia de las antiguas espigadoras que repasaban y rastrillaban los campos franceses con el objetivo de recoger los granos que quedaban caídos tras la recolección de las cosechas, que también he visto en esta ciudad, por las zonas del puerto, en rutas y puentes, en donde caen los granos o se vuelan de los camiones que los transportan hacia los silos y depósitos de los barcos.
En una oportunidad, viendo que los barrían con manos y escobas, a los costados del asfalto, pregunte para que los utilizaban y me comentaron que con ellos alimentan aves y animales.
Entre estos nuevos espigadores y espigadoras hay quienes recolectan por necesidad y o para poder comer, y hay quien buscan con estas acciones luchar contra el consumismo feroz y reciclar lo que muchos descartan.
Esta película presenta una forma de mirar esta realidad, una forma de acercarse y comprender, pasando por las imágenes de espigadores de los cuadros de distintos pintores, de diferentes contextos socioeconómicos y políticos con crítica sobre la realidad mostrada hasta la actualidad.
Nos muestra la pobreza, describiendo el contexto que rodea a la exclusión social y con algunas mujeres y hombres en el centro de estas historias, vemos así como la vulnerabilidad ciudadana crece, el empobrecimiento de la población se dispara y la pérdida de derechos básicos de la ciudadanía es cada vez más evidente.
Se visibiliza una realidad cruda de muchos, que desconocemos, con una postura de compromiso y de denuncia por parte de la directora, en el centro de la historia. La directora da testimonio, se involucra y ayuda a comprender la condición humana en la precariedad, el incremento de las desigualdades sociales,  en esta escasez en donde nos coloca en un modelo económico y político cruel que arrincona y margina los derechos sociales y refuerza el consumismo y la producción exacerbada, de alimentos y cosas entre otras prácticas “poco” éticas, humanas e insostenibles. El relato está narrado por una mujer, que es la directora.
Y aquí rompemos con dos grandes mitos del cine. El cine como medio alienante y de puro entretenimiento y el Estado del bienestar, y de consumo pasando a ser un documental que se convierte en una herramienta ética de visibilización, de lectura crítica y de denuncia.
Esta directora francesa, Agnès Varda ha sabido recolectar y espigar con su técnica, con su arte, con su cámara en el cine documental, estas realidades, circunstancias e imágenes para muchos invisibles, inadvertidas, ayudándonos a ver otros contextos y así construyendo nuevos significados desde la propia subjetividad, incluyendo la reflexión, la sensibilización, la denuncia y la crítica para colaborar activamente en la búsqueda de posibilidades de transformación y en la visibilización de la injusticia social en sus variantes, dando voz a quienes no la tienen, aquellos apartados del relato y de la historia. A pesar de los 16 años desde que se rodó, su actualidad y vigencia, sin fronteras, resulta angustiante.
Las crisis, y políticas que favorecen a los pocos de siempre, la precarización está aumentando esta brecha, y las mujeres son las más afectadas.
Con este hermoso trabajo, vemos que el cine documental puede salir de su pura neutralidad y asepsia ante la pobreza, la discriminación, la marginación y la injustica. Puede reflejar una realidad poco imaginable y política.
…………………………………………………………………………………………….

Braun María Isabel

¿Espigar? ¿Recolectar? ¿Ordenar?
Agnés Vardá nos describe, nos relata y nos introduce sutilmente,  y en otras  despiadadamente, en las cuestiones que una a una,  en una especie de autobiografía cinematográfica, activa y   captura  objetos y sujetos que se reconstituyen y reconfiguran en nuevos status testimoniales,   cómplices  necesarios,  constructores  del pensamiento y la mirada
El relato audiovisual descongela imágenes que se vuelven líquidas y sostenibles en espacios verdaderos: ora para capturar costumbres antiguas de solaz y diversión, ora  para sacudir la piel política en un intento idiota de denuncia donde sucumben las bellas cosas olvidadas. 
El tiempo bordea las certezas y certidumbres. Se cuela y deja sin aliento. Busca en el otro (nosotros) las utopías parlantes, espiga en nuestros corazones la esencia vital.
Y entonces surge, en este caos de interpretaciones un insoslayable mundo mágico de la imaginación y del juego, de la libertad y de la conexión espiritual de transformación que reivindica las ideas que aún no se conocen.
En fin:
¿En qué historia pintada nos reconocemos?
¿En qué historia pintada encontramos al otro?

¿En qué historia pintada el mundo visionado reducirá su existencia?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.